Crucé cielo mar y tierra por ella

Mis últimas vacaciones, si es que así podemos llamarlas, fueron de lo más románticas, raras, dolorosas e intrépidas. Permítanme contarles por qué. Justo antes de terminar la universidad estuve saliendo con una chica de la cual me enamoré perdidamente, sentía que la amaba y que quería que formara parte de mi vida. No había llegado el momento de pedirle que fuera mi novia y formalizar la relación, lo haría dos semanas después de abandonar la escuela, en una fecha cerca de su cumpleaños, pero para mi mala suerte, nunca me enteré que ese mismo día ella estaría en Huatulco con su familia.

Bien dicen que el corazón no entiende de razones y no pude esperar a que regresara, necesitaba decírselo ese día. ¿Por qué? Porque fue ese mismo día, unos antes de su cumpleaños, cuando sentí el primer flechazo hacía ella. Lo sé, soy un cursi. Así que conseguí un boleto de avión y me lancé en su búsqueda. Gasté bastante dinero para conseguir uno en calidad de urgente. Al llegar al hotel donde me enteré que se estaba hospedando no la encontré, por un momento pensé que me había equivocado, pero mi salvación fue que me encontré con su hermano. Me dijo que estaban haciendo un recorrido en lancha y corrí hacia allá.

En la costa de donde había zarpado su bote me dijeron que ya habían partido hace cinco minutos y que volverían en media hora o 45 minutos, no tengo idea por qué no quise esperar pero me aventé un clavado y alcancé el bote, casi me ahogo, pero me trepé a la embarcación y le dije: “Crucé cielo, mar y tierra sólo para preguntarte… ¿Quieres ser mi novia?”. Ella se sonrojó tanto que parecía estar doblemente quemada pero al final dijo que sí. Las locuras que uno hace por amor.